Entre Lecturas

Los amigos de CampusCope han tenido la deferencia de invitarme a participar quincenalmente en su programa, con una pequeña sección dedicada a los libros que un universitario debiera leer. Con tal motivo, retomo este blog, al que he tenido olvidado, y te ofrezco esta sencilla reflexión que quiere ser un elogio a los libros y a la lectura.

 

Las palabras de un emocionado Vargas Llosa, en su discurso de recepción del premio nobel, allá por diciembre de 2010, son un pórtico inigualable para dar comienzo a esta cita quincenal alrededor de los libros. Hoy no me voy a referir a ninguno de ellos en concreto, tiempo tendremos de ir viajando entre lecturas. Hoy, que estamos de estreno, solo quiero lanzarle un guiño en palabras a aquello que da sentido a este pequeño espacio.

¿Qué ocurre desde que abrimos las tapas de un volumen hasta que, pasado un tiempo, damos fin a aquella historia, aquel conjunto de poemas, o a ese ensayo que nos acompañó durante días, semanas o meses en medio de nuestro diario trajín? Abrir y cerrar un libro, como quien cierra los ojos un instante y emprende un viaje interior…, para después abrirlos de nuevo al mundo, con esa mirada distinta que recobra la posibilidad del asombro. Leemos por tantos y variados motivos como los que nos empujan a reflexionar, imaginar, explorar otros ámbitos, entregarnos a la realidad o plantearle combate. Leemos porque no hay nada más humano que conversar, y la lectura –ya lo dijo Quevedo- es un diálogo secreto, donde uno puede escuchar con los ojos hasta a los mismos difuntos.

Conmueven, sin duda, las palabras del escritor peruano cuando habla de autores y personajes como quien se refiere a una anécdota familiar o evoca el recuerdo de un amigo. Conmueven porque, quien más, quien menos, todos hemos experimentado esa corriente de afinidad que puede activarse a través de la lectura y que transforma a personajes de papel en leales compañeros de camino; o hace que determinados autores, incluso lejanos en el tiempo y en el espacio, puedan llegar a ser, con absoluta certeza, unos de los nuestros. Los libros, fundamentalmente aquellos que nos tocan y remueven, han sido educadores de nuestra afectividad, alimento de nuestros sueños, tejedores de pensamientos, acicate de rebeldías e inconformismo, refugio de soledades, traductores de un amor para el que nos faltaban las palabras, armadura frente al desaliento.

ReaderCiertamente hoy son muchos los reclamos que concitan nuestra atención. Vivimos a un ritmo frenético de actividad y en medio de un desmesurado estruendo de informaciones. El espacio de ocio pide ser ocupado por mil y una ofertas de lo más variopintas. En definitiva, la lectura ha perdido su prominente posición entre las ocupaciones del entretenimiento y el descanso. Y sin embargo, puede que nunca antes haya sido tan necesaria: precisamente porque, frente a otras opciones que se disputan nuestro muy solicitado tiempo, ella exige una atención activa, creativa, que nos ayuda a poner orden en el caos, a adquirir criterio, a tomar distancia frente a lo inmediato, a relativizar la tiranía de la novedad, y a descubrir las claves de aquello que nos constituye como verdaderamente humanos.

 “Un universitario que no lee, sencillamente, no es un universitario”: lo solté en forma de tuit, hace unos días. Y me reafirmo. Pero no como el censor que otorgaba o no su imprimatur, sino como quien se hace cargo de que la lectura es la aventura intelectual e imaginativa más apasionante que puede experimentar quien, con inquieta curiosidad, se embarca a explorar el mundo. Y eso es lo más propio de un universitario.  Se publica mucho, demasiado quizás. Y cuanto se publica va acompañado del consabido marbete de lo imprescindible, lo definitivo, el antes y el después, el libro entre los libros. Gajes de la publicidad: lo sabemos. Hay que vender como sea. Pero en este pequeño espacio de CampusCope vamos a hacerle caso a Quevedo o a Italo Calvino. Ya que nuestro tiempo es muy limitado intentaremos seleccionar “pocos, pero doctos libros juntos”. Es decir, rastrearemos con olfato de sabueso entre aquellas lecturas que podríamos considerar “clásicas” no por antiguas, sino precisamente por ser siempre plenamente actuales.

¿Qué debería leer un universitario de hoy? Con esta indagación de fondo, que admite tantas respuestas como lectores-universitarios en el mundo han sido, iniciamos este viaje compartido, este tiempo ENTRE LECTURAS.

(Y por supuesto, la música siempre acompaña: así que aquí va el tema elegido para inaugurar la sección: Julia Stone y su versión de “You are the one that I want)

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